Los antecedentes hay que buscarlos en un Cuerpo de Vigilancia creado
en el segundo decenio del siglo XIX, inmediatamente después de la
guerra de la Independencia, y que subsistió hasta el año 1870. El
Ayuntamiento decide, ese mismo año, organizar el servicio de una
manera más acorde con las necesidades de una ciudad que, por aquel
entonces, contaba con doscientos mil habitantes.
De
acuerdo con este propósito, se organiza el llamado Cuerpo de la
Guardia Municipal, con una plantilla de cien funcionarios, diez
inspectores y un jefe. La uniformidad, en materia de vestuario, de
aquellos primeros guardias municipales no debió ser muy brillante ni
muy satisfactoria, por cuanto dos años después, exactamente el 10 de
octubre de 1872, se presentaron a la aprobación de la Corporación
dos modelos de uniforme. Consistían ambos en tricornio, levita azul
larga con dos hileras de botones y pantalón azul oscuro; la única
diferencia estaba en los galones, que en uno de los figurines eran
de color amarillo y en el otro de color rojo sangre. Los señores
ediles eligieron el modelo de los galones rojos, y semanas más
tarde, en la mañana del 16 de diciembre, la totalidad de la Guardia
Municipal formó con sus nuevos y flamantes uniformes ante las Casas
Consistoriales, siendo revistada por el Alcalde y Concejales, entre
los aplausos del numeroso público que presenció la parada. Con todo,
aún faltaba un detalle importante para completar el equipo: el
armamento. Y el día primero de 1873, como un anticipado regalo de
Reyes, se les hizo entrega del correspondiente sable y revólver.
Correctamente uniformados y equipados, las fuerzas de la Guardia
Municipal iniciaron la prestación de sus servicios, que, en aquel
entonces, consistían fundamentalmente en la vigilancia de mercados y
vías públicas, así como en la ayuda en la recaudación de exacciones.
En el mes de marzo de 1874 realizaron un informe completo sobre el
estado en que se encontraba el adoquinado de la ciudad, que sirvió
para que el Ayuntamiento acometiese una serie de obras de
urbanización y mejora en las principales calles de la Valencia de
finales de siglo.
Al
comenzar el siglo, la fuerza de la Guardia Municipal se componía ya
de un jefe, dos subjefes, doce inspectores, veinticuatro cabos,
otros tantos guardias de primera y ciento setenta y seis de segunda,
con un total de 239. En 1901, siendo alcalde de Valencia el Marqués
de Cáceres, se publico el primer Reglamento de la Guardia Municipal
y se crea la sección Montada, formada por un inspector, dos cabos y
catorce guardias. Más tarde, durante la alcaldía del Marqués de Sotelo, se la dotó de vistoso uniforme de gala, que era una replica
bastante aproximada de la que usaba la Guardia Real.
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El
crecimiento paulatino de la ciudad y la ampliación de actividades
del Cuerpo, determinó una reorganización en el año 1927, con
ampliación de la plantilla y distribución de sus efectivos por
distritos.
En abril del año
siguiente se constituyó la Sección de Circulación, compuesta de
veinticinco guardias, con uniforme de levita (incluso durante los
meses de verano) llamativo “salakof” blanco y bastón corto del
mismo, que utilizaban para regular, el apacible y exiguo tránsito
rodado de los "años veinte”. Y ya en vena de modernización, el
Ayuntamiento valenciano se adelanta a otras capitales españolas e
implanta en 1929 una nueva sección, la Sección Motorista, con siete ruidosas
y trepidantes motocicletas, marca «Cartholpe», que causaron la
admiración de la grey infantil y la envidia de los primeros
deportistas del motor.
En
este estado de organización siguió durante el final de la Monarquía
y los años de la República.
El período de la guerra civil impuso,
lógicamente, hondas alteraciones en el cometido y servicios de la
Guardia Municipal, y la Sección Motorista, por ejemplo, dejó de
funcionar por falta de gasolina. Con la vuelta a la normalidad, se
dotó al Cuerpo de una organización más adecuada al cumplimiento de
sus funciones. En 1940 los efectivos son agrupados en Secciones (que
prestaban servicio en todo el término municipal durante ocho horas
consecutivas) y se aprueba un nuevo Reglamento que, con algunas
modificaciones posteriores, es el que rige en la actualidad.
Las
modernas técnicas de circulación obligaron a crear dentro del
Cuerpo las especialidades de semaforistas, fonometristas e
investigadores de accidentes.
